... LA MELANCOLIA
PARA NO ESTAR EN EL PRESENTE
Soy un extraño para mi mismo. Un extraño que no se busca.
Que tiene que re armar las piezas una por una: Voces, sonidos, caricias, olores... y tiempo. Porque si pasaron dos meses o un millón de años… es lo mismo.
Nadie está preparado, nadie espera a que le pase.
Y de repente ahí estás desparramado sobre la calle como las piezas del rompecabezas sobre una mesa .
¿Por donde empezar?
Contame otra vez mi historia, despacito, hasta que un día me duerma escuchándote y sueñe con una mañana de sol, pedaleando sonriente sobre mi bicicleta…
Y que en ese sueño no sea esta pieza de otro rompecabezas.
Porque pronto seré otro, y seguro no me recordaré y entonces vas a ser un extraño contándome una historia de alguien que se llamaba Pablo Franko.
Y quizás me guste y me hagas reir y hasta lo busque en google para saber que cara tenía, que le gustaba, como era su vida, y entonces juegue y me vista como él, y practique su sonrisa frente al espejo... pero hay algo que ya se... y es como termina esa historia... y eso es una verdadera pena.
Este "mientras tanto" es como haber desembarcado en China sin saber chino, entonces miro lo que hacen y sigo la corriente.
Trato de preocuparme por lo que todos se preocupan, de aprender los códigos, los gestos y un poco de chino.
Porque quizás este aquí el resto de mi vida.
Por suerte descubrí que hay algunos chinos que se rien.

Todo hombre ha tenido una pelea alguna vez en su vida
Peleas de puño digo.
Todos estaban en círculo alrededor nuestro. Aún hoy no puedo recordar el motivo por el que me tenía que pelear con aquel muchacho dos o tres años mas grande que yo y que me llevaba una cabeza de alto. Dos o tres años cuando tenés 10 es mucho. Pues bien, vaya a saber uno porqué, el asunto es que ahí estaba yo.
Recuerdo que todos alentaban a la pelea como si fuera un circo romano, como en las películas de Macistes que pasaban los sábados en la tele. Obviamente yo no era un gladiador y venía de hacer las compras y había dejado mi bicicleta y la bolsa con los mandados detrás de mi.
Gritaban, no se que, pero gritaban. Entonces el grandote se envalentonó aún mas y me invitó a levantar mi guardia
Me puse en posición. Levanté un puño imitando a los boxeadores que había visto en la tele. Y cuando estaba levantando el otro, de repente, todo se hizo negro.
Lo siguiente que vi eran los pedales de mi bicicleta. Ahí había ido a dar con la cara.
Entre el zumbido de mis oídos, podía otra vez oir a todos gritar.
Me levanté como pude, y manoteé la bolsa de los mandados que chorreaba la leche. Con la caída había roto una de aquellas botellas color caramelo.
Me subí a la bicicleta e intente pedalear. No pude. Me bajé, la tomé por el manubrio y sin mirar atrás me alejé. De repente todo se hizo silencio y solo escuchaba al tipo que me gritaba algo. Algo que en mi aturdimiento, no llegaba a entender
Era la primera vez que alguien lo había enfrentado.
Nadie jamás me volvió a buscar pelea en el barrio, sin embargo desde ese día todos quisieron pelearle al grandulón.
El tipo se había metido en problemas

Y así los llamaron: Canguros
Sin embargo cuenta también esta leyenda que en realidad kan Ghu Ru significaba: "No le entiendo"
O sea, los ingleses les preguntaban y ellos contestaban obviamente “no le entiendo”.
El hecho es que el nombre les quedó
Creo que a muchas personas nos ha pasado lo mismo con la palabra “Amor".
Y así lo llamamos